jueves, 19 de junio de 2014

Por hoy de vuelta al juego

Ya desde el año pasado que decidí olvidarme de todo lo que respecta al futbol. Adiós las coladas en casa de los patas para ver los partidos, nada de colgar las repeticiones en facebook, las gritadas fuera de tono en los restaurant haciéndole pasar roche a mis amigas, las narraciones emocionantes de los mejores momentos en las reunas con la gente... 

Dejé de lado esa afición en la que me había metido acompañando a mi hermano. Guardé la banderita muy a pesar del orgullo de mi padre por tener a la única chica en mi familia y casi en todo el barrio a la que le gustaba el fútbol. Dejé de interesarme y le saqué provecho: leí más, dejé de ver televisión, conocí a más chicas que me cayeron bien y entre otras cosas que valieron la pena.


Y ahora con la copa del mudo. Tal vez he leído en demasía algunos articulillos que me han quitado mucho el ánimo de echarle una ojeada a los partidos del mundial. Ya ni leo periódicos. Todas estas semanas han sido demasiado frustrantes porque casi no hay nada de buena información. Al menos puedo decir que el tráfico no es tan malo, los lugares donde generalmente concurre la gente están vacíos, las filas en los bancos son menores y se puede leer tranquilamente donde sea que no haya un televisor.

No hubiera visto el partido de hoy si no fuera porque tengo que escribir una crónica sobre ello. Hace tiempo que no veía tantas personas juntas hipnotizadas por algo en la pantalla. Soy sincera. No vi el juego con la emoción que me causaba antes y ahora era una simple observadora que no tomaba parte de la celebración. Pero, definitivamente, cuando centré mi vista al centro de la cancha y veía de tiempo unas buenas jugadas bastante coordinadas a punto de anotar un gol, era como si volviera al juego. Una buena defensa, limpios tiros de cabeza, amarilla para el capitán, un arbitro decente y la emoción del desempate. 

Y tengo que decirlo: ¡Qué equipo el de Uruguay carajo! Una muy buena coordinación, bastante técnica, y sobre todo la garra que le pone en la cancha. Toda la razón al narrador: "Inglaterra podrá tener buen futbol, pero ya quisiera tener la mitad del coraje que tienen los jugadores de Uruguay". Y la figura: Suarez, definitivamente. Será el ultimo partido que veo, pero hasta donde quiero saber, ha sido el mejor. Y con esto me siento satisfecha con respecto al mundial. Después de esto, ya no veré nada.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Nuevas buenas a la vuelta de la esquina.

¡Se acabó por fin el año académico! Empiezan las vacaciones, el verano y mucho tiempo disponible para hacer nada ¿O hacer mucho? Al menos todo lo contrario a las vacaciones de medio año que son apenas dos asquerosas semanas. Y en verdad son asquerosas porque en esos días no hago más que parecer un hongo nada comestible. Termino tan cansada el primer semestre que lo único que quiero es dormir. Y cuando no lo hago tampoco es que vaya hacia algún sitio. Mi madre se encarga de que me dedique a atender la tienda con el incontradecible argumento de “todo el año que vas a la universidad te dedicas solamente a estar en esa computadora haciendo dizque tu tarea o encerrarte en tu cuarto”. Claro que ella acentúa el ‘dizque’ porque no sabe que en realidad sí la hago, y cuando no, me entretengo leyendo lo que me resulte interesante.

Aunque en estos meses de todas maneras tendré que estudiar un poco, el verano para mí siempre resulta prometedor. Lo que me gusta más de todo el trimestre que nos dan es que me convierto en una nómada sin rumbo. Siempre encuentro amigos que no veía hace mucho tiempo, o sea, del verano anterior, ya que ellos están casi en la misma situación. Ellos; porque la gran mayoría (por no decir todos) son chicos. Y esta vez, a parte de la guerrillera carnavalezca tenemos decidido hacer un campamento. Y por supuesto, también se viene mi cumpleaños, para lo que he decidido hacer algo interesante. Algo que tenga que ver con retar a todo el mundo o algo así.

También están las fiestas de fin de año. Particularmente no soy de las personas que tienen ese grandioso espíritu navideño. Mi infancia fue más de creer en el ratón Perez que en el regordete Santa. Mi familia es otra cosa, pero ni aún queriendo podemos darnos el gusto. No armamos arbolito porque el año pasado Artemis derrumbó el que teníamos. Y pues el nacimiento tampoco lo ponemos porque ya van como cuatro nochebuenas que nos pasamos pegando los animalitos del pesebre porque mis sobrinas no se esperan a las doce y los encuentran tan atractivos que los hacen sus juguetes en reemplazo. La víspera de nuevo parece un día que podría ser diferente, pero por alguna razón también prefiero pasarlo en casa.

De todas formas aprovecharé este espacio para desearle una feliz navidad y un provechoso año nuevo a quienes se pasaron a leer este post. Y que las experiencias venideras sean para el disfrute de cada uno, y si no, bueno, de algo se aprende.

viernes, 11 de octubre de 2013

Picarones en su salsa

Hoy definitivamente fue un día muy agitado. Me siento, en verdad, cansada, pero no podía evitar escribir sobre esto. Sé que días llenos de rarezas son los frecuentes en mi rutina que se empeña en no ser rutina, pero hoy particularmente Yahvé, Kamisama, Alá o el kharma me cogió como sujeto de muestra.

Torpe para caminar lo he sido siempre. Tropiezo con todo lo que se pueda llamar piso. Lo peor es cuando de la nada aparece un poste vengativo que me estampa la frente, pero nunca falta algo que me recuerde que puedo hacerme profesional en esto. Terminando mi examen parcial literalmente volé diez escalones de una manera épica. Me vi en cámara lenta cayendo al suelo, mientras escuchaba la voz de Liz modificada con efectos de cine diciendo "Emma nooo" en una versión gritona de un "yo soy tu padre". Y justo como en los films americanos, después de la tragedia no podía faltar el momento cursi en que viene el protagonista masculino a salvarte de la situación, solo que este no era Peeta, ni Grey, siquiera un Jacob friendzoneado. Se acercó un muchacho larguirucho ¿Te encuentras bien? ¿Te caíste? Quise responder "no, estoy mirando de cerca el piso" pero estaba aplicando la ley de la atracción: no me he fracturado nada, no me he fracturado nada... Hasta que escuché el típico "Déjame ayudarte". Mi vida está escrita para una escena de comedia romántica, pensé, pero se quedó en comedia, porque ni bien pude ponerme de pie, a la única que vi fue a Lichi, y un chico yéndose rapidito. Mientras me sentaba para estabilizarme presentía que Liz diría algo. Por supuesto no fue un ¿Te sientes mejor? sino un "qué chico tan monse". Risa y aquí nada pasó.

Como actividad para recolectar fondos para la elaboración de nuestra revista, nos decidimos en hacer una Picaronada. Los que me leen deben imaginarse un dulce hecho de masa de harina de trigo, bañado en miel de chancaca. Uno de los gustos que nos damos en Perú, que sirve en estos casos para financiar boletines.
Las ventas fueron un éxito. No me quedé hasta que acabara, pero en el momento que salí la fila parecía que no iba a terminarse nunca. Cuando llegó nuestra hora de atender, según la tradición frenética de Maya, no podíamos salir sin que nos adornara con algo. Así empecé a servir picarones con un alambre en la cabeza enrollado por una tela con puntitos. Nunca había tenido un enfrentamiento contra bolsitas rebeldes que se volaban, platos que no se despegaban, y embudos melosos. Aunque supongo que tan terrible no estuve... Creo.


sábado, 25 de agosto de 2012

Mi cámara y YO

Desde hace algún tiempo volvieron las clases y con ellas, los trabajos grupales que, por cierto, son más prácticos ahora. Así empezó mi búsqueda para la fotografía perfecta: plano medio, en conjunto, primerísimo primer plano y el célebre "Gran plano general". Si la nota que el profesor pusiera fuera de acorde a las dificultades que una tiene para hacer esta toma, pff... Créanme, desde ya, hubiera aprobado el curso. ¡Y vaya que me costó! un par de zapatos (la caminata fue larga), un huevo (estaba asustadísima), mucha comida en dulces (esta vez sí rompí mi récord) y otra muda de ropa (no les diré por qué).

Todo estaba de lo más bonito cuando nos reunimos en el parque de la exposición: risas, paseada, y... ¡Foto grupaaaal! Iba de lo mejor, de no ser por mi selectivismo equivocado. Quería tomarle a las casitas japonesas, y resulta que a estas no se les da la gana de salir cuando se les enfoca desde arriba.
Ni modo, o era el dinosaurio de aspecto medio muerto en la laguna, o el Jesusito de pileta. No estaba para pensarlo mucho, así que me decidí por el jardín del niño Cristo. No fue tan difícil. La gente colaboraba animosa al decirles que estudiaba ciencias de la comunicación. La cuestión era tomarla de un lugar altote. Fácil, subí al Telesup haciéndome pasar por una estudiante más, y funcionó. Lo que sí estaba fastidiándome era subir esas odiosas escaleras, que iban cada vez más arriba, entonces ahí sí el vértigo hacía que se me pusiera la piel como un polluelo medio muerto.

Pero era la foto de Maya. Cuántas veces no me había ayudado ella con los trabajos, esperándome con paciencia, y encima, brindándome su apoyo en circunstancias que solo ella conoce. Tenía que subirme a algún sitio para capturar el plano grande. Mirando al rededor se me ocurrió; la altura indicada, la dirección perfecta: el museo metropolitano de Lima.

¿Cómo se entra a un museo sin pagar nada? ¿Y si no se cuenta con el tiempo necesario para recorrerlo todo? Un guardia llamado Edwin siempre puede ser de mucha ayuda. "Pongo en riesgo mi trabajo, y con eso, mi esposa", pero uno se aburre de la monotonía. Me llevó por 'el pasadizo'. Llegué directo al balcón y... tengo esto de castigo.


Ahora ya no pensaba en el por favor de Maya, pensaba en la mirada de desprecio 2012. Qué ayuda ni que nada, me iba a matar si no le llevaba la foto de su casita medieval tomada desde el cielo. Mi amiga da miedo a veces, pero es buena gente si no se le provoca. Mentira, es un pan de Dios. 
A todo esto, hechos valen más que palabras.

Estos fueron los amables señores que me ayudaron a tratar de tomar la foto de 'más plano general que se pueda'. Estaban trabajando colocando- ¿o desarmando?- un toldo para, lo que supongo, una feria. Ahí fue donde ataqué con mi cara de cachorrito: ¿me puedo subiiiiiiir?, y el contraataque: mejor pásanos tu cámara.



Entonces me di cuenta que no sabían hacer tomas. ¡¿Quién toma una foto con un árbol en medio?! Cuando se me ocurrió pedirles que nada obstaculice la imagen, y que además, saliera la casita medieval, me respondieron: "estamos trabajando".


Pensé que podía tomar desde arriba de las escaleras, pero decía prohibido. Me reí hasta que vi una rajadura y me entró miedo. Pensé subirme encima de una pileta, pero no llegué. Entonces fui en busca de un edifico grandote, grandote para tomar el gran plano generalísimo que lo único que tiene de gracioso es el nombre.
Por supuesto, no me dejaron subir, pero si ya había entrado al museo, este no me desanimaba. Esperé un rato y... Vigilante para qué te fuiste.


De tan solo mirar ya me cansaba, aquí estaba solo a la mitad de las escaleras. Quise tomar desde afuera, pero como salía solo la mitad ya que el edificio tapaba el panorama. Tenía que entrar a uno de los departamentos. Qué me quedaba. 


Y por fin llegué a uno de los últimos pisos. Toqué la puerta de la casa que daba justo al frente del parque, y me abrió un chico intelectual que se asustó un poco cuando le dije "¿puedo entrar a tu casa?" Hasta con la explicación recibí otro contraataque: mejor yo tomo las fotos.


Bueno, la ventana no se podía abrir, así que la tomó con todo y vidrio de luna. Al menos ya no era un árbol. Yo le daba indicaciones cada vez que lo hacía mal: "el mausoleo, el mausoleo, no el museooo; ese no, el otro mausoleooo..." Y por fin, aquí está, la dichosa foto.


Todo para que al final de bajar y subir toda esa escalera me dé cuenta que había un ascensor. Siempre yo tan despistada. Con todo, al final me dio hambre. Por cierto ¿Qué es esto? Es rara como yo, además tenía hambre y era barata.


 PD: La muda de ropa sirvió para cambiarme, ya que cuando estaba a punto de detener el autobús que me llevaba a casa, se pasó de largo dándome un salpicón de agua. El día anterior había llovido.

lunes, 6 de agosto de 2012

Y en vacaciones esto sucede


Parque de la exposición, Plaza San Martín, Parque universitaria, Abancay. Después de media mañana deambulando a carcajadas con Dante por casi todo el centro histórico, mi padre llamó. Aprovechando que trabajaba cerca, quedamos en encontrarnos para almorzar. Ni modo. Me esperaba en Jirón Callao. Sí. Esa calle por la que he pasado tantas veces, esa que recuerdo una vez cuando niña, y que volví a frecuentar los pasados meses recientes.

Una plática breve, muy amena claro, solo que mi mente jugueteaba de cuando en cuando. Era inevitable. El Koki inocentemente había escogido un restaurante justo en frente donde estaba el camino hacia la casa de Gerardo.

Regresó al trabajo. Llamé a Dante de nuevo. “¿Dónde estás?” “En mi casa…tengo un percance… tengo que esperar a que vengan… estaré allí como en media hora… espérame".

Media hora.
Podía ir a su casa entonces ¿Por qué no? Éramos amigos. Somos. Estaba a unas cuadras ¿Por qué no saludarlo? De repente estaba, o de repente no. De repente me encontraba una chica al terminar de subir las escaleras.

-¡Hola! ¿Buscas a alguien? – no pude evitar preguntar.
-Sí, a Gerardo-  respondió.

¿Casualidad? No. O de repente, quién sabe. Toqué el timbre.

Era amable, simpática y tenía una guitarra.
- Ah, ¿Son de la misma banda?- continué, más por curiosidad.
- No -sonrió- aunque aspiro a serlo -y sonrió- ¿Y tú? Una amiga de su universidad supongo…

Iba a decir que sí, pero la puerta se abrió de repente. Estaba impecable, bien vestido, como si estuviera apunto de salir a una cita. Sí, eso era.

“Hola Emma” atinó a decir. Fue una incómoda situación seguro, pero saludó de lo más normal. Recordé lo que hablamos la última vez afuera de esa casa. “No esperare por ti por siempre” había dicho. Sí, me di cuenta. Yo solo fui a saludar a un amigo, un amigo con el que compartí mucho, con el que conversé tanto y hasta donde sé, conocía bastante. Tal vez más de lo debido; tal vez por eso no se dieron las cosas.Y ahora me sentía mal tercia.


Después de eso, solo cruzamos unas cuantas palabras vanas. Entraba, salía, volvía a entrar. Algo dijo de sus llaves. Sonó el celular. Era Dante. Bajé las escaleras ¿Cuánto tiempo habría estado allí?

Volvimos a las calles a seguir nuestro, desde un principio, improvisado itinerario: Rimac, Plaza de Armas, Av. Arequipa. Centro Comercial Arenales. “¿Por qué sonríes?” “No, por nada”.Yo lo sé, ¿Es de incertidumbre? No. Es de gusto. Con toda la sinceridad del mundo, y con todo el agradecimiento posible, espero que en adelante todo te vaya bien. Vuela amigo y sé feliz.

viernes, 20 de julio de 2012

Centímetros...

Desanimada. Caminaba despacito como si eso fuera a impedir que llegara hasta ella, y cuando por fin había dado el último paso suspiré con desgano. Estaba frente a mí la muy perversa, toda altanera ella, recordándome que arriba de mí todavía existían varios numeritos...
Tenía que enfrentarla. Desde hace años que no me la encontraba. Hubiera preferido que Artemis me arañara todita o que "hermanita" me cantara toda la noche; pero ni modo: ahí estaba. Me paré junto a ella, esperé a que Anni pusiera la marca, y que por fín, sentenciara:
-Ya está.
La muy maldita había atacado. 
-¿Subí?
- 1.43
Uno y cuarenta y tres. Yo hubiera esperado un cincuenta. En realidad lo hubiera deseado. El 'cuarenta y tres' era algo predecible. La última vez. La última. Allí me quedaré por no tomar leche, por ser floja al ejercicio, por haber pasado los 16 y tener 19.
- ¡Sigues siendo tan mona Emma!
Bueno, qué hacer, ya no queda de otra. Pero me ofende. Después de todo la de dos metros me ganó la batalla. La culpa no es de la cinta, lo sé, pero ¡Cómo la odio! Tiempo tras tiempo, teniendo esta misma confrontación.
Sí. Ser pequeña puede tener sus ventajas. Siempre me gustaron los chicos más altos que yo, entonces quiere decir que las probabilidades de que mi futuro novio sea de mi misma talla, -lo que aún así yo sea larguirucha hubiera detestado- son prácticamente nulas. Y por lo demás, ya estoy acostumbrada: las bromas que me hacen tanta gracia, en los conciertos siempre voy adelante, llevo mi documento de identidad a todos los lugares... 
También está eso de ser mona, como dice Anni. 'Tú no te preocupes, pones los ojitos mirando hacia arriba y las manitos como te enseñé y nadie se mete contigo! Eso si no te conocen, sino solo eres tú y arremetes con todo...'
Y mientras ella sigue hablando yo tomo mi sillita, sonriéndome, ¿quién se atrevería? pienso, si a la primera que me toquen yo la destrozo toditita, así mida metro ochenta, solo imagino que es esa cinta medidora y ya, está hecha. Tomo la tiza, marco mucho más arriba de la mía y digo: "¡Hermanitaaa! ¿Y si te vuelves modelo? Ya vas para el metro setenta!