¡Se acabó por fin el año académico! Empiezan las vacaciones,
el verano y mucho tiempo disponible para hacer nada ¿O hacer mucho? Al menos todo lo
contrario a las vacaciones de medio año que son apenas dos asquerosas semanas. Y
en verdad son asquerosas porque en esos días no hago más que parecer un hongo
nada comestible. Termino tan cansada el primer semestre que lo único que
quiero es dormir. Y cuando no lo hago tampoco es que vaya hacia algún sitio. Mi madre se encarga de que me dedique a atender la tienda con el incontradecible argumento de “todo el año que vas a la universidad te dedicas solamente
a estar en esa computadora haciendo dizque tu tarea o encerrarte en tu cuarto”.
Claro que ella acentúa el ‘dizque’ porque no sabe que en realidad sí
la hago, y cuando no, me entretengo leyendo lo que me resulte interesante.
Aunque en estos meses de todas maneras tendré que estudiar un
poco, el verano para mí siempre resulta prometedor. Lo que me gusta más de todo
el trimestre que nos dan es que me convierto en una nómada sin rumbo. Siempre
encuentro amigos que no veía hace mucho tiempo, o sea, del verano anterior, ya
que ellos están casi en la misma situación. Ellos; porque la gran mayoría (por
no decir todos) son chicos. Y esta vez, a parte de la guerrillera carnavalezca tenemos decidido hacer un campamento. Y por supuesto, también se viene mi
cumpleaños, para lo que he decidido hacer algo interesante. Algo que tenga que ver con retar a todo el mundo o algo así.
También están las fiestas de fin de año. Particularmente no
soy de las personas que tienen ese grandioso espíritu navideño. Mi infancia fue
más de creer en el ratón Perez que en el regordete Santa. Mi familia es otra
cosa, pero ni aún queriendo podemos darnos el gusto. No armamos arbolito porque
el año pasado Artemis derrumbó el que teníamos. Y pues el nacimiento tampoco lo
ponemos porque ya van como cuatro nochebuenas que nos pasamos pegando los
animalitos del pesebre porque mis sobrinas no se esperan a las doce y los
encuentran tan atractivos que los hacen sus juguetes en reemplazo. La víspera de nuevo parece un día que podría ser diferente, pero por alguna razón también prefiero pasarlo en
casa.
De todas formas aprovecharé este espacio para desearle una
feliz navidad y un provechoso año nuevo a quienes se pasaron a leer este post.
Y que las experiencias venideras sean para el disfrute de cada uno, y si no, bueno,
de algo se aprende.
en primer lugar, felicitaciones por terminar el año académica, es natural que por todo el esfuerzo realizado durante todo el año termines cansadísima... bueno, sobre tu madre, paciencia y buen humor, se que es fregado que te tenga así y más aún que se ponga a prejuzgar de esa forma, te lo digo por experiencia, no hay nada peor que eso, peeeero, como vives en la misma casa que ellos, bajo sus reglas y normas y teniendo en cuenta que es tu madre, pues no te conviene pelearte o tener una lucha verbal con ella, paciencia y buen humor... espero que el verano si la pases bien y ojala pueda verte... y bueno, tampoco soy muy partidario de celebrar con todo el espíritu la navidad y el año bueno, eso si, lo paso en familia la primera por lo general en casa... en todo caso: feliz navidad y feliz año !!!!
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