domingo, 22 de diciembre de 2013

Nuevas buenas a la vuelta de la esquina.

¡Se acabó por fin el año académico! Empiezan las vacaciones, el verano y mucho tiempo disponible para hacer nada ¿O hacer mucho? Al menos todo lo contrario a las vacaciones de medio año que son apenas dos asquerosas semanas. Y en verdad son asquerosas porque en esos días no hago más que parecer un hongo nada comestible. Termino tan cansada el primer semestre que lo único que quiero es dormir. Y cuando no lo hago tampoco es que vaya hacia algún sitio. Mi madre se encarga de que me dedique a atender la tienda con el incontradecible argumento de “todo el año que vas a la universidad te dedicas solamente a estar en esa computadora haciendo dizque tu tarea o encerrarte en tu cuarto”. Claro que ella acentúa el ‘dizque’ porque no sabe que en realidad sí la hago, y cuando no, me entretengo leyendo lo que me resulte interesante.

Aunque en estos meses de todas maneras tendré que estudiar un poco, el verano para mí siempre resulta prometedor. Lo que me gusta más de todo el trimestre que nos dan es que me convierto en una nómada sin rumbo. Siempre encuentro amigos que no veía hace mucho tiempo, o sea, del verano anterior, ya que ellos están casi en la misma situación. Ellos; porque la gran mayoría (por no decir todos) son chicos. Y esta vez, a parte de la guerrillera carnavalezca tenemos decidido hacer un campamento. Y por supuesto, también se viene mi cumpleaños, para lo que he decidido hacer algo interesante. Algo que tenga que ver con retar a todo el mundo o algo así.

También están las fiestas de fin de año. Particularmente no soy de las personas que tienen ese grandioso espíritu navideño. Mi infancia fue más de creer en el ratón Perez que en el regordete Santa. Mi familia es otra cosa, pero ni aún queriendo podemos darnos el gusto. No armamos arbolito porque el año pasado Artemis derrumbó el que teníamos. Y pues el nacimiento tampoco lo ponemos porque ya van como cuatro nochebuenas que nos pasamos pegando los animalitos del pesebre porque mis sobrinas no se esperan a las doce y los encuentran tan atractivos que los hacen sus juguetes en reemplazo. La víspera de nuevo parece un día que podría ser diferente, pero por alguna razón también prefiero pasarlo en casa.

De todas formas aprovecharé este espacio para desearle una feliz navidad y un provechoso año nuevo a quienes se pasaron a leer este post. Y que las experiencias venideras sean para el disfrute de cada uno, y si no, bueno, de algo se aprende.